mercredi 4 mars 2009

Nubosidad variable

Le gustaba precipitarse. O quizá fuese que, después de tanto tiempo haciéndolo, ya se hubiese acostumbrado. Quién sabe, la realidad es que era toda una experta.

Pero no se precipitaba en los días de lluvia, ni en los de nieve; eso no hubiera tenido nada de curioso: a todo el mundo le ocurre cuando hace malo. Claro que eso depende: ¿malo para quién? ¿Y si resulta que nos precipitamos no por las precipitaciones en sí, no, sino por pensar que "no hace bueno"? Eso explicaría mejor su caso: a ella le gustaban los días grises y húmedos. En los soleados, cuando todo el mundo aprovecha para salir a la vez, como si regalasen lavadoras a la vuelta de la esquina, prefería quedarse en casa.

Y precipitarse.

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