-¿Por qué me miras? ¿Nos conocemos?
- ...
- Que si nos conocemos, digo.
- ...
- Vale, pues nada.
[...]
- Deja de mirarme, por favor.
- ...
- A ver, que no me mires.
- ...
- Que no me mires, te he dicho. ¡Joder, qué tío más pesado! Que dejes de mirarme de una santa vez.
- ...
- ¿Adónde vas? Ni te acerques.
- ...
- ¿Pero qué coño haces? Ni se te ocurra tocarme.
- Cállate y obedece.
- ¿Pero qué...?
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Por Dios, dale un guantazo al tío ése o escribe una entrada nueva, que me pongo malo cada vez que te visito.
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